4.3.12
48.
LOS GRITOS agudísimos de los niños en la cuna, o llevados a tomar al sol por madres amorosas, en carritos, recuerdan, de cerca, a los: ¡Pronto Francia! ¡Pronto Polonia! de Adolfo Hitler.
47.
ALFIERI. Si el mundo fuese un lugar tranquilo, habitado por hombres inteligentes, propondría una última forma de representar, para el esparcimiento de una sociedad reposada, las siempre hermosas tragedias de Alfieri.
¿No es así cómo se expresa, entre la consternación y la ternura de los suyos, el setentón Antonio, cuando se tira al suelo, y ahí se desahoga de sus "complejos", imitando la guerra entre partisanos y "guastatori" alemanes; sabe Dios de parte de quién está íntimamente?
Propondría que cada vez ORESTE fuera representado por el pequeño Antonio y por otros de sus compañeros y compañeras. Se las arreglarían estupendamente; y la Sombra pacificada del poeta aplaudiría -estoy seguro- desde los Campos Elíseos.
Pilade, Elettra, Oreste, a morte tutti;
e tu pur, donna, ove da me ti scosti.
¿No es así cómo se expresa, entre la consternación y la ternura de los suyos, el setentón Antonio, cuando se tira al suelo, y ahí se desahoga de sus "complejos", imitando la guerra entre partisanos y "guastatori" alemanes; sabe Dios de parte de quién está íntimamente?
Propondría que cada vez ORESTE fuera representado por el pequeño Antonio y por otros de sus compañeros y compañeras. Se las arreglarían estupendamente; y la Sombra pacificada del poeta aplaudiría -estoy seguro- desde los Campos Elíseos.
46.
VERDI. Me gustaba poco, en mi primera juventud, este artista, casi demasiado genital para ser un artista. "Todos sus personajes -decía- cantan divinamente con aliento a vino". Pero aquel "divinamente" lo añadí más tarde.
Fue una noche, en el cuartel. Estaba solo en el blanco e inmenso dormitorio, cuando otro quinto (Gobbetti se llamaba; era lombardo, o mejor dicho, milanés) entró de repente, cantando "Bella figlia dell´amore". Toda Italia, con sus mares, sus montes, sus ciudades, me entró en el corazón como un fulgor "azzurro".
Fue una noche, en el cuartel. Estaba solo en el blanco e inmenso dormitorio, cuando otro quinto (Gobbetti se llamaba; era lombardo, o mejor dicho, milanés) entró de repente, cantando "Bella figlia dell´amore". Toda Italia, con sus mares, sus montes, sus ciudades, me entró en el corazón como un fulgor "azzurro".
45.
UN JOVEN no puede considerarse de buena familia (quiero decir de temple aristocrático) si, encontrándose en presencia de un hombre de genio (o que él considera de genio), no se siente sino como un polluelo entre las garras de un águila.
Pero esto es, acaso, un recuerdo de mi juventud.
Pero esto es, acaso, un recuerdo de mi juventud.
44.
MEDICOS. La diferencia entre un médico bueno y otro malo no pasa de la siguiente: el primero está enamorado de la curación, el segundo de la enfermedad. El médico malo no desea curar radicalmente al enfermo; sino solo calmar los síntomas que lo hacen sufrir. De este modo el cliente le está agradecido por el alivio... y vuelve.
(El razonamiento es -se comprende- inconsciente, Oh al menos...)
(El razonamiento es -se comprende- inconsciente, Oh al menos...)
43.
TUBERCULOSIS, CANCER, FASCISMO. Cada época tiene su propia enfermedad, a la que se corresponde otra (aunque probablemente es la misma) en el campo moral. El siglo XIX tuvo la tuberculosis y los desvanecimientos sentimentales; el siglo XX tiene el cáncer y el fascismo. Todo el proceso del fascismo - manifestarse en su verdadera naturaleza cuando ya es tarde para una eficaz intervención quirúrgica; su imposibilidad de morir a no ser junto a la víctima a la que se ha aferrado; tendencia a reproducirse en lugares lejanos a los de su nacimiento; desesperados sufrimientos que genera en aquellos a los que infecta; culpas profundan que se revelan mediante un examen necroscópico de los cuerpos (o países) sobre los que haya totalitariamente imperado - todo, digo, su proceso mantiene asombrosas semejanzas con el del cáncer. Y sin embargo hay una cosa más en la que se le asemeja.
Nadie ignora hoy que la tuberculosis es, muchas veces, uno de los medios que los jóvenes emplean para suicidarse. Lanzo la hipótesis de que el cáncer (enfermedad de viejos) hunda sus raíces psíquicas en un intento fallido del organismo por rejuvenecerse. La formación de un neoplasma podría significar el deseo de rehacerse un nuevo órgano; por ej., un nuevo estómago. (Le he comunicado esta hipótesis mía a algunos médicos inteligentes, que no se la han tomado a broma en absoluto). En fin, que ha sido, en el fondo, la adhesión al fascismo -en Italia como en el extranjero- sino un intento fallido de la burguesía por rehacerse una vida nueva, por rejuvenecerse. Demasiado tarde se ha dado cuenta luego del error; y entonces... ya no tenía remedio; la cosa buena, la cosa providencial, que se presentaba como portadora de un "orden nuevo", era sin embargo la causa de inhumanos sufrimientos; que, a más o menos largo plazo, llevaba a la muerte.
El "Imperio Romano" (¡en el siglo XX!) ha tenido -para desgracia nuestra- la génesis, los caracteres y las consecuencias de un neoplasma.
Nadie ignora hoy que la tuberculosis es, muchas veces, uno de los medios que los jóvenes emplean para suicidarse. Lanzo la hipótesis de que el cáncer (enfermedad de viejos) hunda sus raíces psíquicas en un intento fallido del organismo por rejuvenecerse. La formación de un neoplasma podría significar el deseo de rehacerse un nuevo órgano; por ej., un nuevo estómago. (Le he comunicado esta hipótesis mía a algunos médicos inteligentes, que no se la han tomado a broma en absoluto). En fin, que ha sido, en el fondo, la adhesión al fascismo -en Italia como en el extranjero- sino un intento fallido de la burguesía por rehacerse una vida nueva, por rejuvenecerse. Demasiado tarde se ha dado cuenta luego del error; y entonces... ya no tenía remedio; la cosa buena, la cosa providencial, que se presentaba como portadora de un "orden nuevo", era sin embargo la causa de inhumanos sufrimientos; que, a más o menos largo plazo, llevaba a la muerte.
El "Imperio Romano" (¡en el siglo XX!) ha tenido -para desgracia nuestra- la génesis, los caracteres y las consecuencias de un neoplasma.
42.
PROCESO de KHARKOV. El protagonista es el intérprete; el ojo y el acento recaen sobre el altavoz, sobre la fría, estudiada, señorial elegancia con la que el joven capitán soviético se dirige -cuando le toca hablar- a los imputados. "Yo soy -parece que dice- el Imparcial; soy el símbolo de este proceso".
Duros y sin piedad son los rostros de los alemanes; duros y sin piedad los de los jueces. La diferencia es que los rusos no tienen motivo para tener "mala conciencia". Y esto dice, en el fondo, la película. "Felices -dice- los pueblos y los individuos a los que el destino ha asignado la mejor parte, la que les permite representar con buena conciencia la tragedia de la vida".
Duros y sin piedad son los rostros de los alemanes; duros y sin piedad los de los jueces. La diferencia es que los rusos no tienen motivo para tener "mala conciencia". Y esto dice, en el fondo, la película. "Felices -dice- los pueblos y los individuos a los que el destino ha asignado la mejor parte, la que les permite representar con buena conciencia la tragedia de la vida".
41.
SOLDADO INGLES. En un bar del centro, en Florencia, un soldado inglés -muy joven, casi un muchacho- le doraba la píldora al dueño, para que le pusiera algo de beber. Pero el dueño del bar (como se sabe, está prohibido servir bebidas alcohólicas a los soldados aliados) le decía que no con embarazo. A mí sin embargo me sirvió al momento un vaso de vino, que el soldado miraba con envidia. ¡Con qué ganas me lo habría llevado afuera! !Y yo, pudiendo, con qué satisfacción se lo habría ofrecido! El expresó su conflicto interno con un "¡Salud!" que me arrojó a la cara con acento misericordioso. Después me quitó delicadamente una mota de polvo que tenia -dijo excusándose- en la solapa de la chaqueta. Después se salió a la acera llena de gente, donde, para demostrarse a sí mismo que ya había bebido bastante y que era feliz, se puso a cantar en voz baja, con una fina voz de chaval castigado, una cancioncilla del Ejército de Salvación.
40.
CARLETTO, cuando una pila de libros estaba a punto de caerse, les gritaba, desde lejos, que se quedaran quietos. No le habría dado crédito a mi interpretación de su sueño (se habría encogido de hombros; murmurando para sí durante un buen rato); pero creía en la magia.
39.
CUANDO EJERCIA de custodio de nobles muertos (librero anticuario), Carletto (mi buen ayudante) me pidió un largo permiso para ir a Sicilia, donde vivía una querida hermana suya. Las exigencias del pequeño negocio (que sacábamos adelante solo entre los dos) no me permitían, en aquel momento, satisfacer su apasionado deseo. Tuve que decirle que no.
"¡Qué sueños más extraños se tienen de vez en cuando! Figúrese, señor Saba, que esta noche he soñado que yo, junto a otros muchos jóvenes de mi edad, había desembarcado en una isla, con el viejo capitán de la nave. Entre todos lo matábamos a pedradas; pero yo, mientras me alejaba, me sentía como preso de un remordimiento, y volvía sobre mis pasos. Veía entonces que el viejo capitán estaba todavía vivo. ¡Qué alivio, señor Saba! ¡Me he levantado realmente contento!"
No traté de explicarle el fácil sueño; pero le di el deseado permiso. Un poco, también, como agradecimiento por haberme resucitado.
"¡Qué sueños más extraños se tienen de vez en cuando! Figúrese, señor Saba, que esta noche he soñado que yo, junto a otros muchos jóvenes de mi edad, había desembarcado en una isla, con el viejo capitán de la nave. Entre todos lo matábamos a pedradas; pero yo, mientras me alejaba, me sentía como preso de un remordimiento, y volvía sobre mis pasos. Veía entonces que el viejo capitán estaba todavía vivo. ¡Qué alivio, señor Saba! ¡Me he levantado realmente contento!"
No traté de explicarle el fácil sueño; pero le di el deseado permiso. Un poco, también, como agradecimiento por haberme resucitado.
38.
LA MAQUINA DE ESCRIBIR -anticipadora de la impresión- ha ejercido sobre la poesía y sobre los poetas una influencia benéfica, corrosiva de lo superfluo. Era hermoso escribir a máquina una poesía de guerra de Ungaretti.
Pero un largo poema sentimental...
Pero un largo poema sentimental...
36.
EL FANTASMA DE BANCO. Macbeth no era un delincuente: era un apasionado. Odiaba a Banco, como hermano competidor; como compañero de armas también lo amaba. Una vez dado el golpe, toda la parte positiva de su afectividad salió a la luz; se hizo -por ausencia de la contraparte- más intensa. El amor solo es creativo; fue el amor superviviente y aumentado de Macbeth por Banco el que creó el espectro. Pero -¡ay!- el fantasma sabía lo que Macbeth le había hecho; y su aparición era amenazante.
El delincuente no tiene amor; y no ve espectros.
El delincuente no tiene amor; y no ve espectros.
34.
EL SIGLO XIX quiso vivir demasiado a costa de los instintos. Encontró -es cierto- muchos correctivos; a los COMPARTIMENTOS PARA SEÑORAS SOLAS opuso la "pochade". Cuando el comisario de policía, llamado para dar fe del adulterio, bailaba el can-can final, en calzoncillos, con los adúlteros y los libertinos, todos los pobres diablos de la sala de butacas se morían, literalmente, de la risa.
33.
EL NACIONALISMO muestra, como la neurosis, la otra cara de la moneda; a través de la exasperación de un sentimiento tan natural en el hombre como el amor a la propia tierra, el principio de su negación.
Los nacionalistas italianos habían derivado su teoría de Francia: querían ser franceses. Pero la Francia de los nacionalistas franceses ya no era la de su tiempo; era otra Francia, muerta desde hacía siglos; la de (más o menos) Luis XIV.
Los nacionalistas son unos malos hijos; quieren cambiar de madre; no aman lo suficiente la que Dios les ha dado.
Los nacionalistas italianos habían derivado su teoría de Francia: querían ser franceses. Pero la Francia de los nacionalistas franceses ya no era la de su tiempo; era otra Francia, muerta desde hacía siglos; la de (más o menos) Luis XIV.
Los nacionalistas son unos malos hijos; quieren cambiar de madre; no aman lo suficiente la que Dios les ha dado.
31.
NO SOY - por nacimiento- un revolucionario. Soy un conservador de la especie más rara. Comprendo -desde siempre- que para conservar lo esencial se debe renunciar a mucho.
Un conservador nato no razona así. O, mejor dicho, no razona de ninguna forma. Sufre simplemente de estreñimiento.
Un conservador nato no razona así. O, mejor dicho, no razona de ninguna forma. Sufre simplemente de estreñimiento.
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