"VOSOTROS, LOS TRIESTINOS - me decía ayer Giacomo Debenedetti- sois verdaderamente hijos del viento. Por eso os gustan tanto los cuentos morales y los apólogos, las fábulas y los cuentos de hadas. El motivo por el que escribes ATAJOS es porque has nacido en la ciudad de la bora".
¡Cuánto placer me habría dado en otro tiempo esta fabulilla! ¡Qué buen augurio habría sacado de ella para mi amigo y para mí! ... Pero después de Maidaneck...
Roma, febrero 1945
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3.3.12
25.
EXCUSAS, que quieras ir a derecha o a izquierda, dentro o bajo el automóvil, el mundo externo te ofrrece siempre la posibilidad. Pero lo que después de todo siempre decide es la fatalidad externa.
24.
EL "VOSOTROS". Cuanto más se trata a los hombres, más se tiene la impresión, incluso física, de que lo que desean, sobre todas las cosas, es un padre "severo pero justo", que les prometa nuevos mares y nuevos montes. Y cuando uno de esos hombres "severos pero justos" muere o huye, dejando tras de sí la desolación y la muerte, siguen -debido a una insconsciente nostalgia supersticiosa- observando sus preceptos. Es ese "vosotros" que no deja de ofenderos desde tantas bocas, que, por otra parte, no se abren sino para maldecir a quien los ha conducido al desastre, y que no lo usaban antes de recibir la orden. Y si se te ocurre replicar o protestar, puede pasarte (como me ha pasado a mí hoy) que te encuentres, fijos en los tuyos, dos jóvenes ojos tan puros, tan maravillados, tan caninamente inocentes...
23.
LOS QUE, y son muchos, creen todavía que las guerran se desencadenan por motivos económicos, es como si dijeran que los alemanes han asfixiado a cinco millones y medio de judíos con el fin de disponer de más cantidad de fertilizante. Los han asfixiado por otros motivos (por alguna oscura reacción física, de cervecería); después de matarlos, entonces han aprovechado -¿y por qué no?- los cadáveres en beneficio del (nuevo) pueblo elegido.
Las guerras se combaten porque el hombre es un animal agresivo; el más agresivo, posiblemente, de la creación. Siente que, si no se deshace de su propia agraesividad, se volverá contra él; que, si no ataca a los demás, termina, antes o después, por atacarse a sí mismo. Y esto lo haría sufrir más que ir a la guerra. De este modo (la vía a la sublimación es larga, difícil, accesible a pocos) prefiere morir matando, antes que matarse a sí mismo, en el silencio de su propio cuarto.
El viejo Moltke le atribuía a la guerra un origen "religioso" (tendría que haber dicho instintivo). Causas económicas "coexisten"; son, en gran parte -al menos hoy- pretextos a disposición del instinto de muerte.
Las guerras se combaten porque el hombre es un animal agresivo; el más agresivo, posiblemente, de la creación. Siente que, si no se deshace de su propia agraesividad, se volverá contra él; que, si no ataca a los demás, termina, antes o después, por atacarse a sí mismo. Y esto lo haría sufrir más que ir a la guerra. De este modo (la vía a la sublimación es larga, difícil, accesible a pocos) prefiere morir matando, antes que matarse a sí mismo, en el silencio de su propio cuarto.
El viejo Moltke le atribuía a la guerra un origen "religioso" (tendría que haber dicho instintivo). Causas económicas "coexisten"; son, en gran parte -al menos hoy- pretextos a disposición del instinto de muerte.
22.
EL FILETE DE SVEVO. Italo Svevo (que todos los que lo conocieron saben que era de inocentes y humanas costumbres) contaba de buen grado (e incluso más de una vez, como hacen los viejos, que aman repetirse) que nunca se había comido un filete con tanto gusto como hacia el final de la otra guerra, cuando era (o creía serlo) el único en la ciudad que podía permitírselo.
No era -¡oh, no!- un diablo entre muchos ángeles; era solo un artista; y, como tal, aceptaba todo lo que era en la naturaleza, en él y fuera de él; confesaba lo que otros hombres (los buenos, los puros) sienten sin saber que lo sienten, o bien esconden tras un velo -más o menos aparente- de lágrimas hipócritas.
Pero, sin saberlo, tocaba, con la divertida historia del filete, el verdadero problema de la economía mundial; revelaba la génesis del desastre. Que en Brasil (tomo el ejemplo más popular) pavimenten las calles con café, antes que venderlo a bajo precio a los países que no lo producen, no es, en la base, una cuestión económica, sino psicológica. Solo secundariamente (porque el hombre es lo que es) tiene que ver con los economistas. El filete de Svevo enseña que el hombre es todavía demasiado niño como para gozar de un bien sin poner el acento en el hecho de que otros estén privados del mismo, en el hecho de ese bien es su privilegio (de hijo único o preferido). Si no fuese así, no existirían hoy, con tantos medios de producción y transporte, ni la miseria ni el hambre. ¡Haría falta tan poco para encontrar una forma de acomodamiento! Pero sé bien que ese "poco" es una mera apariencia, apenas un modo de hablar; que antes que el hombre aprenda a leer, a deletrear, una nueva sílaba en esta dirección, debe sufrir todavía, y más de una vez, el desplome de los cielos sobre su cabeza.
No era -¡oh, no!- un diablo entre muchos ángeles; era solo un artista; y, como tal, aceptaba todo lo que era en la naturaleza, en él y fuera de él; confesaba lo que otros hombres (los buenos, los puros) sienten sin saber que lo sienten, o bien esconden tras un velo -más o menos aparente- de lágrimas hipócritas.
Pero, sin saberlo, tocaba, con la divertida historia del filete, el verdadero problema de la economía mundial; revelaba la génesis del desastre. Que en Brasil (tomo el ejemplo más popular) pavimenten las calles con café, antes que venderlo a bajo precio a los países que no lo producen, no es, en la base, una cuestión económica, sino psicológica. Solo secundariamente (porque el hombre es lo que es) tiene que ver con los economistas. El filete de Svevo enseña que el hombre es todavía demasiado niño como para gozar de un bien sin poner el acento en el hecho de que otros estén privados del mismo, en el hecho de ese bien es su privilegio (de hijo único o preferido). Si no fuese así, no existirían hoy, con tantos medios de producción y transporte, ni la miseria ni el hambre. ¡Haría falta tan poco para encontrar una forma de acomodamiento! Pero sé bien que ese "poco" es una mera apariencia, apenas un modo de hablar; que antes que el hombre aprenda a leer, a deletrear, una nueva sílaba en esta dirección, debe sufrir todavía, y más de una vez, el desplome de los cielos sobre su cabeza.
21.
NO EXISTE el azar; no existe la teja que te cae en la cabeza. Existen nexos -y autodecisiones- que se nos escapan.
20.
NO EXISTE un misterio de la vida, o del mundo, o del universo. Todos nosotros, en cuanto hijos de la vida, formando parte de la vida, lo sabemos todo, como los animales o las plantas. Pero lo sabemos en lo profundo. Las dificultades comienzan cuando se trata de llevar nuestro saber orgánico a la conciencia. Cada paso, incluso el más pequeñao, en esta dirección, es de un valor infinito. ¡Pero cuántas fuerzas -en nosotros, fuera de nosotros- surgen, se coaligan, para impedir, para retardar, ese pequeñao paso!
19.
No tengo nada que decirle a los filósofos; ni ellos tienen nada que decirme a mí. Cuanto más me acerco más se convierten en fluidos; se dilatan hacia lo universal para que no se les toque en un solo punto neurálgico. Todos sus sistemas son "barreras" para esconder una "ruptura de realidad".
Los poetas prometen menos y dan más.
Los poetas prometen menos y dan más.
18.
LLEGADOS a una cierta edad, ya no es posible discutir. Solo es posible aprender o enseñar. Aprender sería, todavía, lo mejor. Pero, ¿quién puede enseñarle a un viejo? Debe aprender por sí mismo, o desaparecer.
17.
EL PASEANTE que se da el gusto de avisarte de que llevas los cordones de los zapatos desatados, es un hombre imposible. Puede que te hayas dado cuenta tú mismo, y busques, sin que se note mucho, un lugar para remediarlo. Puede que vayas andado llevado por todos los demonios. En el primer caso solo consigue ser importuno, en el segundo...
16.
ESTAS EN LA TIERRA FRIA - Estás en la tierra negra... ¿dos heptasílabos carduccianos, o dos paletadas de tierra sobre el muerto, para que no se levante?
¡Ay de mí! El caso me parece de una evidencia grosera.
¡Ay de mí! El caso me parece de una evidencia grosera.
15.
ESE PADRE que, teniendo al hijo en una situación difícil -pongamos, como caso extremo, en la guerra- lo piensa continuamente en peligro, lo ve inevitablemente muerto, no ama a su hijo. O, para ser exactos, no lo ama solamente. El amor no es un anunciador de desastres: l´amore vede roseo. Y a veces, como es lógico, se engaña.
14.
PARA HACER, como para comprender, el arte, hay una cosa, antes que cualquier otra, necesaria: haber conservado en nosotros la infancia; que todo el proceso de la vida tiende, por lo demás, a destruir. El poeta es un niño que se maravilla de las cosas que le pasan a sí mismo, una vez adulto. Pero, ¿hasta qué punto adulto?
Tocamos aquí una de las grandes diferencias que se dan entre la pequeña y la gran poesía. Solo allí donde el niño y el hombre coexisten, en formas lo más posiblemente extremas, en la misma persona, nace -con ayuda de muchas otras circunstancias- el milagro: nace Dante. Dante es un niño pequeño, que se asombra continuamente de lo que le pasa a un hombre grandísimo; en realidad son "dos en uno". Observen cómo el pequeño Dante se queja, grita, se ilumina de gozo, tiembla de cólera y de (simulado) miedo, se exalta, se exhibe, se humilla por coquetería, se levanta hacia las estrellas ante las cosas extraordinarias que, a través de él, nascono a Dante in lucco e colla barba al mento! ¡Y cómo le divierten esos premios y esos castigos (los castigos sobre todo), esos diablos y esos ángeles, esos "cortesi portinai", esos vivos y esos muertos más vivos que los vivos! ¡Qué viaje más inverosímil! ¿Cómo esperar una fiesta, una iluminación más grande? Y contra él, unido a él, Dante; Dante hombre entero, marido, padre, guerrero, hombre de parte, exilado infeliz y glorioso; Dante con todas las tremendas pasiones de su tiempo y de la edad madura, en lucha con los demás y (menos) consigo mismo, al cual los hechos no le daban nunca la razón, a pesar de estar seguro de tener siempre razón, y por tanto siempre con gli occhi fuori della testa, alucinado de odio y de amor.
Si el hombre prevalece demasiado sobre el niño (Montale nos ha sugerido, para este caso, el venerado nombre de Goethe), el poeta (en cuanto poeta) nos deja fríos. Si casi solo existe el niño, si sobre su brote se ha formado apenas un embrión de hombre, tenemos el "poeta puer" (Pascoli); y sentimos insatisfacción y un poco de vergüenza.
Tocamos aquí una de las grandes diferencias que se dan entre la pequeña y la gran poesía. Solo allí donde el niño y el hombre coexisten, en formas lo más posiblemente extremas, en la misma persona, nace -con ayuda de muchas otras circunstancias- el milagro: nace Dante. Dante es un niño pequeño, que se asombra continuamente de lo que le pasa a un hombre grandísimo; en realidad son "dos en uno". Observen cómo el pequeño Dante se queja, grita, se ilumina de gozo, tiembla de cólera y de (simulado) miedo, se exalta, se exhibe, se humilla por coquetería, se levanta hacia las estrellas ante las cosas extraordinarias que, a través de él, nascono a Dante in lucco e colla barba al mento! ¡Y cómo le divierten esos premios y esos castigos (los castigos sobre todo), esos diablos y esos ángeles, esos "cortesi portinai", esos vivos y esos muertos más vivos que los vivos! ¡Qué viaje más inverosímil! ¿Cómo esperar una fiesta, una iluminación más grande? Y contra él, unido a él, Dante; Dante hombre entero, marido, padre, guerrero, hombre de parte, exilado infeliz y glorioso; Dante con todas las tremendas pasiones de su tiempo y de la edad madura, en lucha con los demás y (menos) consigo mismo, al cual los hechos no le daban nunca la razón, a pesar de estar seguro de tener siempre razón, y por tanto siempre con gli occhi fuori della testa, alucinado de odio y de amor.
Si el hombre prevalece demasiado sobre el niño (Montale nos ha sugerido, para este caso, el venerado nombre de Goethe), el poeta (en cuanto poeta) nos deja fríos. Si casi solo existe el niño, si sobre su brote se ha formado apenas un embrión de hombre, tenemos el "poeta puer" (Pascoli); y sentimos insatisfacción y un poco de vergüenza.
13.
AQUEL LITERATO que dio la conferencia sobre Petrarca, llegó a la conclusión de que Laura era la poesía. Veremos en algunos otros ATAJOS porqué su interpretación no se alejaba, tanto como parece, de la realidad; es más, que le andaba muy cerca. Un paso más, y Goffredo Bellonci habría comprendido que, para los poetas, la poesía es la madre.
12.
LAURA. Se ha discutido tanto con el fin de saber si Laura existió o no. Incluso en nuestros días, en nuestros pobres (últimos, por lo que respecta a estos juegos) días, un literato ha dado, aquí en Roma, una conferencia sobre tan agradable enigma.
Pero no es -al menos ya no- un enigma. Laura existió con toda seguridad. Existió; y era, a la luz de todos los días, una rubia señora; en las profundidades inaccesibles (infantiles) del alma del poeta, era su madre; era la donna che non si puo avere. Y toda la fascinante, un poco monótona, historia del CANZONIERE, de veinte o más años de cortejo, para no llegar, para querer no llegar a nada, está aquí. Si Laura, que lo alaba, le hace reproches, le aconseja qué debe hacer, se sienta durante el sueño al borde de su cama, se comporta en todo y por todo como una tierna madre con su amado, y un poco indiscreto, niño, se le hubiera entregado (y esto es lo que el poeta -fingiendo desearlo- temía; el CANZONIERE está lleno de acentos de gratitud hacia aquella que con su "virtud", con su "castidad", le evitaba, con la tentación, el peligro de no quedar bien) a Petrarca le habría pasado lo mismo que a Baudelaire con la hermosa señora Sabatier, y que no le pasaba con su triste mulata.
La figura de Laura absorbió toda la ternura del poeta. Su sensualidad la dirigió a otra parte (tuvo -se cuenta- no infecundos amores pasajeros); a mujeres que, por la diversidad de su origen, no podían suscitar en su inconsciente, siempre atentovivo y alerta, la presencia -por lo demás tan querida- de la madre. Pero el amor, el amor verdadero, el amor completo, requiere ambas cosas; busca la fusión perfecta de la sensualidad y de la ternura: también por esto se da raramente. De ahí que no haya, en todo el CANZONIERE, un verso, uno solo, que pueda propiamente llamarse amoroso; hay muchas cosas, pero no LA BOCCA MI BACIO TUTTO TREMANTE, el verso de amor más hermoso que nunca se haya escrito.
Pero no es -al menos ya no- un enigma. Laura existió con toda seguridad. Existió; y era, a la luz de todos los días, una rubia señora; en las profundidades inaccesibles (infantiles) del alma del poeta, era su madre; era la donna che non si puo avere. Y toda la fascinante, un poco monótona, historia del CANZONIERE, de veinte o más años de cortejo, para no llegar, para querer no llegar a nada, está aquí. Si Laura, que lo alaba, le hace reproches, le aconseja qué debe hacer, se sienta durante el sueño al borde de su cama, se comporta en todo y por todo como una tierna madre con su amado, y un poco indiscreto, niño, se le hubiera entregado (y esto es lo que el poeta -fingiendo desearlo- temía; el CANZONIERE está lleno de acentos de gratitud hacia aquella que con su "virtud", con su "castidad", le evitaba, con la tentación, el peligro de no quedar bien) a Petrarca le habría pasado lo mismo que a Baudelaire con la hermosa señora Sabatier, y que no le pasaba con su triste mulata.
La figura de Laura absorbió toda la ternura del poeta. Su sensualidad la dirigió a otra parte (tuvo -se cuenta- no infecundos amores pasajeros); a mujeres que, por la diversidad de su origen, no podían suscitar en su inconsciente, siempre atentovivo y alerta, la presencia -por lo demás tan querida- de la madre. Pero el amor, el amor verdadero, el amor completo, requiere ambas cosas; busca la fusión perfecta de la sensualidad y de la ternura: también por esto se da raramente. De ahí que no haya, en todo el CANZONIERE, un verso, uno solo, que pueda propiamente llamarse amoroso; hay muchas cosas, pero no LA BOCCA MI BACIO TUTTO TREMANTE, el verso de amor más hermoso que nunca se haya escrito.
11.
EL ARTE nace a través de la forma; vive, y muere, por el contenido. El verso "Nel ciel dell´umiltate ov´e Maria" ya no nos dice lo que nos habría dicho hace seiscientos años. Y sin embargo el verso siempre es el mismo. Incluso la azul palabra cielo -por no hablar del resto- tiene, desde que lo cruzan aeroplanos y hace que lluevan bombas, otro significado. Crea otras asociaciones.
10.
COCTEAU. Recuerdo, después de diez o más años, el ORFEO de Cocteau. Y lo recuerdo así.
Un marido, irritado por no haber ganado un premio de poesía, se pelea con su mujer. Se rompe un cristal. Entra un obrero, para llevar a cabo la reparación. El hombre no ve (o finge que no ve); pero la mujer se da cuenta, con consternación, de que el obrero trabaja sin tocar la tierra, suspendido en el aire. "Estoy harta -explota- de misterios. He llamado a un cristalero, no a un ángel".
Un marido, irritado por no haber ganado un premio de poesía, se pelea con su mujer. Se rompe un cristal. Entra un obrero, para llevar a cabo la reparación. El hombre no ve (o finge que no ve); pero la mujer se da cuenta, con consternación, de que el obrero trabaja sin tocar la tierra, suspendido en el aire. "Estoy harta -explota- de misterios. He llamado a un cristalero, no a un ángel".
9.
UN NIÑO NEGRO entra por primera vez en una escuela soviética. En todos los demás países -dice llorando- los chavales lo perseguían; ninguno -a causa del color de su piel- quería jugar con él. Entonces (dice el CUENTECILLO, que acaso una viñeta ilustre) sus nuevos compañeros se le acercan, lo consuelan, lo acarician, le ofrecen caramelos; y, finalmente, le enseñan a decir el nombre de Lenin. Después, lo ponen delante de un espejo. ERA BLANCO.
"¡Menuda tontería! Hemos leído un montón de historias como esa, incluso demasiadas, en los manuales escolares". No es cierto. El fascismo no podía inventarse una fábula con final feliz. Sus fábulas eran tristes, como sus divisas de enterradores.
"¡Menuda tontería! Hemos leído un montón de historias como esa, incluso demasiadas, en los manuales escolares". No es cierto. El fascismo no podía inventarse una fábula con final feliz. Sus fábulas eran tristes, como sus divisas de enterradores.
8.
EDAD DEL HOMBRE. Si el universo - y no parece posible lo contrario- obedece necesariamente a una única ley; si lo que le sucede a uno -nacer, envejecer, morir- le sucede (y -repito- no es posible pensar de otra forma) de igual modo a la especie, a los mundos, etc. ¿QUÉ EDAD TIENE HOY EL HOMBRE? ¿Es viejo, joven, de mediana edad?
A mí me parece, a juzgar por sus creencias, ilusiones, reacciones, estados de ánimo, de los que apenas -y con cuánto esfuerzo- se está liberando, que se encuentra entre los cinco y los seis años: es decir, que está empezando a salir de la primera infancia. ¿No se ha alimentado, no se alimenta todavía, de cuentos de nodrizas? Que además se toma en serio (escribiendo sobre ellos gruesos volúmenes de controversias); no como aquel que, con la conciencia de dejarse llevar por una feliz ilusión, lee, por ej., las bellísimas MIL Y UNA NOCHES. Piensen en la cosmografía (auténtica cosmografía de niños chicos, para los que el mundo termina en su casa y en el parque al que los llevan a jugar) que fue, hasta ayer mismo, nuestra cosmografía. Piensen en los teólogos, en los metafísicos, piensen (para no hablar de nombres gafados) en Spinoza; en su demostración de un Dios "more geometrico". ¿Y ahora qué?
Ahora puede que la verdad sea esta: la crisis actual es una crisis de crecimiento, y por tanto una de las más difíciles de superar. El hombre está en el punto de su historia natural en el que se encuentra el niño cuando -no sin pena- debe alejarse por primera vez del núcleo familiar (de las faldas de la madre), para ir con otros compañeros -malos y buenos- a la escuela.
¿Y los dictadores? Pues son simplemente los maestros con la regla en la mano. Y el comunismo es la escuela primaria más limpia.
¿Y si algunos han nacido ya en la Universidad? ¿Qué hacemos con ellos? ¡Qué más da; son tan pocos!
A mí me parece, a juzgar por sus creencias, ilusiones, reacciones, estados de ánimo, de los que apenas -y con cuánto esfuerzo- se está liberando, que se encuentra entre los cinco y los seis años: es decir, que está empezando a salir de la primera infancia. ¿No se ha alimentado, no se alimenta todavía, de cuentos de nodrizas? Que además se toma en serio (escribiendo sobre ellos gruesos volúmenes de controversias); no como aquel que, con la conciencia de dejarse llevar por una feliz ilusión, lee, por ej., las bellísimas MIL Y UNA NOCHES. Piensen en la cosmografía (auténtica cosmografía de niños chicos, para los que el mundo termina en su casa y en el parque al que los llevan a jugar) que fue, hasta ayer mismo, nuestra cosmografía. Piensen en los teólogos, en los metafísicos, piensen (para no hablar de nombres gafados) en Spinoza; en su demostración de un Dios "more geometrico". ¿Y ahora qué?
Ahora puede que la verdad sea esta: la crisis actual es una crisis de crecimiento, y por tanto una de las más difíciles de superar. El hombre está en el punto de su historia natural en el que se encuentra el niño cuando -no sin pena- debe alejarse por primera vez del núcleo familiar (de las faldas de la madre), para ir con otros compañeros -malos y buenos- a la escuela.
¿Y los dictadores? Pues son simplemente los maestros con la regla en la mano. Y el comunismo es la escuela primaria más limpia.
¿Y si algunos han nacido ya en la Universidad? ¿Qué hacemos con ellos? ¡Qué más da; son tan pocos!
26.2.12
7.
A AQUELLOS que todavía creen que Adolfo Hitler (el hombre que no podía amar) amó al menos a Alemania, les cuento aquí cuál era su sueño verdadero.
Reducir Alemania a un montón de escombros; y, entre nubes de gas asfixiante, acusando a los alemanes de haberlo traicionado -por culpa de los judíos-, ascender EL a los cielos, en una especie de apoteosis, rodeado de lo mejor de sus más jóvenes y fieles SS.
Este sueño lo ha soñado tan profundamente (creyendo -oh, con absoluta buena fe- que estaba soñando otro) que se puede decir que ha vencido -al menos en parte- SU guerra.
Reducir Alemania a un montón de escombros; y, entre nubes de gas asfixiante, acusando a los alemanes de haberlo traicionado -por culpa de los judíos-, ascender EL a los cielos, en una especie de apoteosis, rodeado de lo mejor de sus más jóvenes y fieles SS.
Este sueño lo ha soñado tan profundamente (creyendo -oh, con absoluta buena fe- que estaba soñando otro) que se puede decir que ha vencido -al menos en parte- SU guerra.
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